Reflexiones sobre la reforma laboral

2012-10-25El Economista

Independientemente de los puntos específicos de la reforma laboral que se discute en el Congreso, debemos considerar la importancia general de reformar nuestro marco legal en la materia.

Existen tres factores de producción fundamentales: la tierra, el capital y la mano de obra. Aunque no en su totalidad, en los últimos años se ha liberalizado el mercado de la tierra y, especialmente, el del capital. No así el de la mano de obra.

México tiene más de 40 años de no modificar su ley laboral y la dinámica económica en la que el país está inmerso ha cambiado considerablemente en estas cuatro décadas. México ha firmado 12 tratados comerciales con 44 países diferentes. De hecho, bajo esta métrica, la nuestra es una de las economías más abiertas del mundo y la legislación laboral vigente está diseñada para una economía cerrada.

Este grado de apertura definitivamente ha cambiado la dinámica productiva de nuestro país. Por cuestiones que no vamos a juzgar, México está inmerso en un modelo de economía abierta, aunque debo aclarar que Signum Research considera que éste es un modelo superior al de economía cerrada, por una infinidad de razones.

En un modelo de economía abierta, por definición, el país compite con todas las demás economías abiertas del mundo, entre las que se encuentra China, un competidor formidable. Adoptar un modelo de economía abierta con fuertes restricciones a los factores de producción sería suicida, algunos argumentarán que esto es precisamente lo que está haciendo China, pero no es sostenible.

Por otro lado, existe el problema del desempleo estructural. En toda economía existen dos clases de desempleo, el cíclico y el estructural. El primero, como su nombre lo indica, se relaciona con el ciclo económico: en recesión naturalmente el desempleo es mayor. El segundo es hasta cierto punto permanente y se relaciona directamente con la rigidez del mercado laboral: mientras más inflexibles sean las condiciones laborales (por el lado de la oferta o la demanda), mayor será el desempleo estructural, porque mayores serán los costos de transacción en el mercado. De hecho, las economías más abiertas y flexibles son las que exhiben los menores niveles de desempleo estructural.

La paradoja es que mientras más difícil sea despedir al empleado, mayores serán las restricciones para contratarlo porque si suponemos que los empresarios son racionales -en general lo son- ellos sumarán a los costos totales de contratación el valor presente del producto de la probabilidad de despedir al empleado por el costo contractual y legal de hacerlo. Si estos costos totales de contratación superan la productividad de la mano de obra, los empresarios se abstendrán de utilizarla y como, hasta cierto punto, existe cierto grado de substitución entre capital y mano de obra preferirán utilizar robots.

Una buena reforma laboral disminuye éste y otros costos de transacción que puedan hacer más ineficiente al mercado y, por lo tanto, incrementar el desempleo estructural y la economía informal. En un mercado laboral eficiente, toda persona que esté dispuesta a ofrecer su mano de obra a un determinado salario por hora lo podrá hacer.

Aunque en el papel las restricciones en el mercado laboral son fuertes, en realidad en México ya existe una cierta flexibilidad, no necesariamente contemplada por la ley. En un Estado de Derecho como el que aspiramos es fundamental que las leyes sean acordes con una realidad económica que suele ir dos o tres pasos adelante.

Quienes piensan que las leyes pueden modificar los principios y la dinámica económica no estarán de acuerdo con este razonamiento. Con un marco legal que no refleja la realidad económica es que se genera un mercado informal: esto es justo lo que vemos en México. La reforma laboral propuesta no es perfecta, pero es un paso en la dirección correcta.

Hector O. Romero, director general Signum Research