Nuevos yacimientos de Pemex, ¿nueva bonanza?

2012-11-29El Economista

El 25 de noviembre se anunció el hallazgo de un nuevo pozo petrolero, Navegante 1. Es el segundo de gran escala en los últimos tres meses y capitaliza la estrategia más intensiva de inversión de Pemex. Sin embargo, podría generar incentivos encontrados en la nueva administración federal.

La estrategia de Pemex llega tarde en consideración del declive observado en el yacimiento de Cantarell, de más de -70% al 2011; sobre todo, respecto de la pasividad de la inversión en exploración de la paraestatal en las décadas de los 80 y 90.

La inversión en exploración se intensificó hasta el 2002 y, concretamente, por el potencial en aguas profundas en el 2007. La inversión pública total aprobada para Pemex en el 2012 fue de 301,255 millones de pesos (+8.9% a/a real), de los cuales 83.6% corresponde a Exploración y Producción.

La inversión de Pemex en exploración y producción por barril de petróleo crudo equivalente (pce) se encuentra dentro de las menores en la industria global. En el 2010, se invertían 12.5 dólares por barril, considerablemente inferior al máximo reportado por Grupo BG, de 30 dólares por barril, así como al promedio de la industria global, de 17.5 dólares.

En septiembre del 2012, se anunció el Trión-1, a 2,540 metros de profundidad y localizado a 177 km al este de las costas de Tamaulipas. El contenido de reservas 3P (probadas, probables y posibles) es de entre 250-500 millones de barriles de pce.

Navegante 1 se encuentra en la provincia geológica de la Cuenca Sureste, a 20 km de Villahermosa, Tabasco. El potencial estimado de reservas 3P podría alcanzar hasta los 500 millones de pce, aunque las estimaciones totales de la zona rondan los 1,000 millones de pce.

Las implicaciones serían mayúsculas de confirmarse un mayor potencial en la Cuenta Sureste, en consideración de la experiencia de Pemex en explotación, ya que podría llevar a la producción nacional a un nuevo auge.

En principio, se diversificaría la estrategia previa que consideraba que las mayores reservas, tras el declive de Cantarell, yacían sólo en aguas profundas, después de décadas de rezago y descubrimientos de bajo rendimiento en tierra firme.

Operativamente, no se tendrá que recurrir a socios estratégicos dentro de la cadena productiva, como en el caso de la transportación en aguas profundas; Pemex realiza los procesos requeridos y consolida en su estructura empresas que ofrecen los servicios relacionados.

Lo anterior se reflejará en costos estimados inferiores a los contemplados para el Trión-1, aproximadamente de entre 25-30 dólares por barril, con lo que su rentabilidad será superior.

Sin embargo, podría suponer un arma de doble filo y nublar la visión de largo plazo: la explotación eficiente del potencial de hidrocarburos de México.

Se obtendrían nuevos recursos para la inversión y el desarrollo de proyectos productivos que podrían retrasar la necesaria reforma energética que libere las presiones fiscales sobre la paraestatal, por lo que en el tiempo la mejora sería limitada.

Por tanto, una reforma que optimice la estructura corporativa de Pemex tendrá que ir de la mano de una reforma fiscal que la libere de presiones financieras y con mayor perspectiva del lastre sindical. Sin ellas, Pemex podría quedar rezagada de una nueva realidad energética global lo que pondría en riesgo nuestra estabilidad macroeconómica.

La Agencia Internacional de Energía presentó, en su “World Energy Outlook 2012”, a EU como autosuficiente energéticamente, a través de una mayor y más eficiente producción de crudo en el 2020; la principal base es el alto nivel de competencia económica en el sector energético.

Julio César Martínez Espinosa es analista bursátil senior y del Sector Energético, Signum Research.