¿Sin energía para crecer?

2013-03-31El Economista

A medida que las expectativas positivas para la economía mexicana se concretan en reformas estructurales, crece la presión sobre la capacidad de abastecer energía suficiente para lograr el desarrollo económico anhelado.

Las nuevas tecnologías e inversiones en investigación han permitido que EU sea el país con mayores crecimientos en producción petrolera. En el periodo 2007-2012, la tasa de crecimiento compuesto anual de la producción fue de 8.8%, lo que permitió reducir las importaciones de crudo a casi la mitad (6.7 mbd). Adicionalmente, se identifica la ventaja en la extracción del gas de esquisto, que se ha traducido en un precio de entre 3 y 4 dólares por millar de pies cúbicos; históricamente bajo.

Los factores anteriores permitirán a EU ser energéticamente autosuficiente en el 2020, con el apoyo parcial de Canadá con el potencial de arenas de petróleo en el norte. Se estima que el impulso en el crecimiento del PIB real podría llegar hasta 3.3% en el 2020, con un aumento en las nuevas plazas laborales de 3.6 millones.

El fenómeno energético de América del Norte tiene algunos años de haber sido gestado, al menos, el necesario para finalizar el primer gran proyecto en el 2018 de distribución de petróleo y gas desde el extremo norte del continente, a través de las costas de EU, en el marco de una meta ambiciosa para constituir una región autosustentable energéticamente, donde México no ha sido seriamente contemplado.

La condición nacional es crítica, sobre todo, en consideración de un estancamiento de la producción petrolera en 2.5 mbd, que aún en un escenario optimista, donde se incremente a 3 mbd, las necesidades obligarán a repensar el potencial petrolero y la falta de infraestructura energética respecto de un consumo interno actual de 2 mbd, y la intensión de lograr una tasa de crecimiento sostenido de 5% real anual.

En la víspera de la reforma energética esperamos algunos puntos mínimos de ella.

Primero, la coordinación con una reestructura fiscal que permita liberar a Pemex, no sólo hacerla más eficiente, a través reinversión efectiva y reducción de burocracia.

Esto implica el reconocimiento de que, con base en las caídas en la producción, los recursos propios no son suficientes. Por lo tanto, será imperante la incursión de empresas privadas nacionales e internacionales en el desarrollo de proyectos.

En el segmento de producción y exploración se ha mencionado un esquema similar al de Petrobras, con una posesión accionaria sustancial del Estado que garantiza el control operativo, a través de exclusividades en las diversas fases de la cadena productiva para empresas asociadas, dominante en algunas, con lo cual bastaría para garantizar procesos eficientes al acceder a tecnología no disponible de forma regular en el mercado, al ser desarrollos exclusivos. El principal objetivo que deberá ser perseguido es la consolidación de reservas (petróleo y gas), así como el incremento gradual de la producción.

Segundo, reducción de los precios de los energéticos, en sintonía con el resto de América del Norte, a través de competencia económica y acceso a tecnología. En el segmento de servicios, un esquema que incluya diversas compañías transportadoras, distribuidoras y almacenadoras sería el ideal para reducir costos y precios al consumidor, mediante un sistema de precios libres.

Tercero, el eje central será un importante desarrollo de la infraestructura energética para el abastecimiento de crudo y gas. Esto representa un paso adelante en la cadena productiva de generación de electricidad, a través de plantas de ciclo combinado alimentadas con gas, con la mejor relación costo-beneficio en el mediano y largo plazos, tanto para empresas como para las familias.

La realidad ha superado la añeja discusión sobre la soberanía petrolera, por lo que los planteamientos sobre la reforma energética deberán enfocarse en la capacidad de sustentar el desarrollo que los cambios estructurales pretenden. Sin una liberalización y ejecución regulatoria eficiente del sector energético, las expectativas económicas sobre México no tendrán un mejor destino que la decepción.

Julio César Martínez Espinoza es analista de Signum Research.