Reflexiones sobre el impuesto a las ganancias en Bolsa

2013-10-10El Economista

Justo hace dos días, el presidente de la Canacar consideró que “esta reforma es ruinosa para nuestra industria” y estimó que miles de sus agremiados podrían desaparecer o ser orillados a la economía informal.

Una de las pocas excepciones a este coro casi unánime es la del presidente de la Bolsa Mexicana de Valores, quien recientemente avaló la propuesta de gravar los dividendos y las ganancias de capital. No obstante, considero que si no es ruinosa para el mercado accionario sí afectará considerablemente su desempeño, veamos.

Lo primero que debemos considerar es que los mercados de capitales se basan en expectativas de muy largo plazo. El valor de una acción corresponde en teoría al valor presente de todos los flujos esperados por los accionistas a lo largo de muchos años, décadas. Los precios accionarios se basan entonces en una promesa de muy largo plazo, cuyas condiciones de cumplimiento son frágiles.

Si el valor de una acción es el valor presente de todos los flujos al accionista, ganancias de capital y dividendos, y en algún momento el gobierno aplica un impuesto de 10% precisamente a las ganancias de capital y a los dividendos, entonces, por simple álgebra podemos demostrar que el valor actual para los accionistas se reduce automáticamente en 10% al aplicar este impuesto.

Si consideramos la hipótesis de eficiencia en los mercados y si el valor del principal indicador al momento del anuncio de estos impuestos, al cierre del 6 de septiembre pasado, era de casi 40,000 unidades, el IPC debió ajustarse entonces a 36,000 unidades, al momento del anuncio. Esto no sucedió: o el mercado no es eficiente, en ninguna de sus formas o considera que este impuesto no se va a aplicar.

El problema para la credibilidad en el mercado es que una vez que se crea el antecedente de esta clase de impuestos, nadie nos garantiza que la tasa impositiva no se incrementará en el futuro a 12, 13 o 15%. Éste es un impuesto políticamente muy barato: si los políticos consideran que “la Bolsa sólo beneficia a los ricos”, entonces incrementarlo tiene un precio político muy bajo.

Esto crea una gran incertidumbre, que corroe las delicadas bases del mercado, que se constituyen de expectativas, y que tarde o temprano se traducirá en un menor desempeño y eventualmente en la posibilidad de perder su función como un medio efectivo de financiamiento para las empresas. Esto es muy peligroso.

Si México aspira a convertirse en una economía medianamente avanzada, no puede prescindir de su mercado accionario: no existe una sola economía desarrollada sin un mercado accionario robusto y la razón es muy clara: el mercado accionario es la única forma que muchas empresas exitosas tienen para financiarse.

Infinidad de economías en desarrollo cuentan con mercados accionarios marginales que son casi elementos cosméticos que no contribuyen a la formación de capital de riesgo. México podría no tener un mercado accionario robusto, durante años no lo tuvo, pero entonces las empresas exitosas y con aspiraciones globales tendrían que acudir a otros mercados, posiblemente a Wall Street, para financiarse ,y se verían obligadas a seguir reglas que muchas veces son demasiado onerosas. Es una cuestión de soberanía financiera.

Se ha dicho que algunos países cuentan con este tipo de impuestos. Efectivamente, algunos países ya cuentan con impuestos a los dividendos y a las ganancias de capital, pero muchos de esos países cuentan con economías avanzadas que ofrecen muchas otras ventajas a los inversionistas y en muchas de las economías emergentes donde se ha aplicado este tipo de gravámenes, sus mercados se han estancado.

El mercado de capitales es global, no local. México no ofrece una economía avanzada y su mercado accionario no es maduro. El valor de capitalización de la Bolsa representa menos de 50% del PIB, cuando en las economías avanzadas típicamente el valor supera al PIB, por mucho.

Pese a la visión de muchos políticos, la Bolsa Mexicana de Valores no es un club de ricos creado para su beneficio exclusivo. Es un foro de libertad que respalda la creación de miles de empleos, donde se intercambian los títulos que representan el capital de mayor riesgo de las empresas mexicanas más exitosas, la punta de lanza de la economía moderna a la que México aspira.