Declive de las manufacturas mexicanas sin energía barata

2013-11-21El Economista

En estos resultados no sólo está presente el efecto de la baja actividad económica nacional, sino también una pérdida de competitividad.

La explotación de los yacimientos de gas y petróleo shale en EU, así como la integración e inversiones conjuntas con Canadá para proveer de energéticos baratos a toda la cadena manufacturera, ha implicado una nueva revolución en la industria, estimulando los incentivos para el regreso de numerosas plantas que salieron del vecino país durante la década pasada, en búsqueda de localidades con costos relativos de producción bajos (China e India).

Las ventajas del uso de energéticos abundantes cerca de las plantas de producción, con estabilidad de precios en niveles bajos, no es el único motivo que ha compensado el diferencial del salario de la mano de obra entre los países en desarrollo y EU. El incremento en la eficiencia es notable al reducir las cadenas de valor en la producción, integrando al máximo los procesos intermedios, inclusive el desarrollo de tecnología e innovación, por lo que las empresas estadounidenses han iniciado el retorno a casa.

Después de la crisis económica, con la vulnerabilidad financiera de empresas de desarrollo de insumos tecnológicos pequeñas y medianas en EU, se reportó un importante número de fusiones y adquisiciones por parte de las compañías de mayor tamaño, ante la necesidad de mejorar la estructura de costos y la competitividad en un entorno difícil.

Un caso representativo fue el sector de generación de energía solar, cuya concentración aumentó de forma considerable con la absorción de empresas productoras de celdas y paneles solares. La incorporación de fases productivas intermedias, así como la reducción de los precios de las materias primas, le permitió a la industria no sólo sobrevivir, también sustentó las bases de un modelo más rentable para el mediano plazo.

El punto anterior toca uno de los pilares del sector: el desarrollo de tecnología. Naturalmente, las manufacturas están íntimamente vinculadas con la inversión en investigación y desarrollo. La capacidad de innovación en EU se ha rezagado frente al avance en países asiáticos, debido a la migración de 30% de la producción y provisión de servicios de mejoramiento de procesos desde el final de la década de 1990.

Un tercer elemento de crucial importancia es el agresivo plan de política industrial planteado por la Casa Blanca, caracterizado por un fuerte sentido pragmático que busca una ventaja comparativa con base en un alto grado de innovación y los bajos precios de la energía. Sin embargo, el alcance es más poderoso: el desarrollo de la clase media estadounidense, mediante empleo y aumento en la productividad (con el consecuente aumento en los salarios reales).

Una transformación del sector energético implicaría una nueva revolución industrial para México, a pesar de la ausencia de un plan de estímulo industrial y tecnológico -que debieran ser urgentemente atendidos-. De lograr una condición de menores precios en los energéticos, se atraerían inversiones que no sólo detonarían la actividad industrial, sino que catalizarían el desarrollo tecnológico y la formación de capital humano.

La posición de la economía nacional es privilegiada: mano de obra especializada, una posición geográfica inmejorable y un alto nivel de complejidad (capacidad de producir bienes de mayor valor agregado), el lugar 20 a nivel global, de acuerdo con el indicador publicado por la Universidad de Harvard; superior a China, India y Brasil.

El tamaño de la discusión de la reforma energética, que está por iniciar en el Congreso mexicano, debe ser comprendido y sopesado con un carácter pragmático. No hay cabida para falsas poses de soberanía y nacionalismo con una recesión económica gestada en casa, alto desempleo y amplios niveles de pobreza.