Dos tendencias a observar en el 2014

2014-01-24El Economista

Hace dos semanas comentamos en este espacio sobre las débiles perspectivas para el mercado accionario mexicano durante la primera mitad del año, cuando las empresas tendrán que enfrentar un notable deterioro en la confianza del consumidor y del productor, como consecuencia de la entrada en vigor de las nuevas disposiciones fiscales —y esto ya se refleja en el desempeño del IPC, que ha perdido casi 3% en lo que va del año.

Este deterioro en las expectativas profundizará la condición recesiva que ya experimenta la economía mexicana.

No obstante, una luz al final del túnel se manifiesta en forma de un incremento notable en los índices de producción industrial en los Estados Unidos. Gracias al TLCAN, México es parte integral de la cadena industrial norteamericana, por lo que el índice de producción industrial en nuestro país muestra una importante correlación con su contraparte en EU. Este dinamismo en manufacturas puede ser la punta de lanza de la recuperación de la economía mexicana, que no es ajena al panorama económico internacional, por lo que, en sentido opuesto, afectará el deterioro en los fundamentos de algunas economías emergentes.

Entonces, dos de los principales rasgos del panorama global que debemos observar este año, por su influencia sobre la economía mexicana, son: la revolución energética en EU y el deterioro en los fundamentos de algunas economías emergentes.

Revolución energética

La tecnología de esta revolución energética consta de dos técnicas principales: el fracking —que es la inyección de agua, arena y químicos a muy altas presiones- y la perforación horizontal. Ambas técnicas en realidad se desarrollaron en la década de los 80, pero por sus altos costos, ninguno de los gigantes petroleros decidió adoptarlas. Fueron empresas marginales las que gradualmente fueron adoptando y mejorando estas dos técnicas.

Ante el incremento constante en los precios de los bienes energéticos durante la primera década de este siglo, la aplicación del fracking y la perforación horizontal se hizo cada vez más rentable. Existen grandes reservas de gas natural y petróleo en la roca conocida como shale o esquisto. Es una formación sedimentaria que contiene gas y petróleo. El problema es que por su baja porosidad, dureza y relativamente escaso grosor de esta capa, se estimaba que no era susceptible de explotación rentable. Una vez que se perfeccionó la tecnología y subieron los precios de los bienes energéticos, la explotación de estas reservas se ha vuelto muy rentable para las empresas que tienen acceso a estos depósitos, a la tecnología y a las importantes sumas de capital requerido por este tipo de proyectos —que no están exentos de riesgos.

La revolución energética en Norteamérica ha incrementado notablemente las reservas probadas de hidrocarburos en Estados Unidos, que en pocos años se convertirá en exportador neto de estos bienes, con lo que los precios en esta región continuarán bajando, y conforme se construya una más eficiente infraestructura de distribución, bajarán aún más rápido. Esto repercutirá en un mayor ingreso disponible para el consumidor y en una reindustrialización del país que ha visto cómo cientos de plantas de producción ubicadas en Asia han regresado. Si logra materializar las ambiciones de su reforma energética, México podrá insertarse exitosamente en este nuevo dinamismo manufacturero, que tiene el potencial de crear millones de nuevos empleos.

Deterioro en los fundamentos de algunas economías emergentes

China decidió en el 2013 acelerar su transición hacia una economía de mercado y abandonar gradualmente el modelo de capitalismo de estado que ha practicado en las últimas décadas. Aunque esto es una estupenda noticia para la economía global a largo plazo, la transición no estará exenta de riesgos. Más de un país ha quedado atrapado en la transición de una economía mixta a un modelo de mercado. La natural desaceleración que esto propicia afecta directamente a las economías que se beneficiaron directamente del auge en los precios de las materias primas de la última década. Algunas de estas economías muestran un claro deterioro en sus fundamentos.

Los inversionistas observarán con detenimiento aquellos países que muestran un déficit creciente en cuenta corriente, porque ante un panorama de endurecimiento en la política monetaria por parte de la Reserva Federal, será cada vez más complicado financiar estos déficits.

La situación se puede deteriorar considerablemente en el futuro, por lo que los inversionistas serán más estrictos con países como Brasil, Argentina, Venezuela o incluso Indonesia y Filipinas. El impacto sobre la economía mexicana será indirecto, pero puede ser considerable, sobre todo si no se logra capitalizar rápidamente algunas de las reformas favorables al crecimiento, como la laboral, la energética y la educativa, y se da marcha atrás a algunas de las medidas más recesivas de la miscelánea fiscal. Además de los fundamentos propios de nuestra economía, estos dos vectores contrapuestos afectarán el desempeño del mercado accionario este año.