México: época de transformación y momento para su despegue

2014-05-29El Economista

A 20 años de la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), la economía mexicana es abierta, eminentemente manufacturera y, por tanto, en menor medida dependiente de commodities, con exportaciones no petroleras que se han expandido 7.5 veces a lo largo de este periodo. Es decir, un crecimiento compuesto anual superior a +10 por ciento.

El más reciente acuerdo comercial de México, firmado con Panamá, se suma a un total de 12 tratados comerciales y 28 convenios para la promoción de la inversión con más de 44 naciones. La apertura ha permitido a nuestro país tener acceso a más de 1 billón de potenciales consumidores en las economías que concentran 60% del Producto Interno Bruto global.

Por ejemplo, en la industria de automóviles, México ya desbancó a Japón como líder exportador de autos a EU, con la instalación de las nuevas plantas —irónicamente, japonesas— en el país (Nissan y Mazda).

Lo anterior ha sido posible gracias a un entorno macroeconómico estable, finanzas públicas sanas y un nivel de endeudamiento bajo. La deuda pública es de (+37.7%) del Producto Interno Bruto, cifra inferior a la de países como Brasil (+59.2%), EU (+71.8%) o Canadá (+86.3 por ciento). Asimismo, favorece tener un déficit público bajo donde por cada peso producido en el país, el gobierno ha manejado un déficit de 2 centavos en los últimos tres años, mientras que la inflación se ha mantenido controlada entre 3 y 4 por ciento.

Es por ello que se obtuvo la mejora en la calificación de riesgo crediticio en el país, otorgada por Moody’s y SyP, que a su vez posicionan al mercado de capitales de México de manera atractiva si lo comparamos con otras economías emergentes, ajustando los múltiplos de valor empresa EBITDA por riesgo país.

Con las recientes reformas (energética, de telecomunicaciones y financiera), esperamos que México se convierta en un corredor energético, con un mercado interno más abierto a la competencia y una penetración del crédito superior a 50% del PIB (actualmente de +23%), que permitirá atenuar los ciclos económicos que enfrenta en parte por la estrecha relación comercial con los EU y con pronósticos de crecimiento superiores a 5% hacia el 2018.

En este contexto, se requieren medidas adicionales para elevar la productividad e incentivos para reducir la informalidad, como una verdadera reforma fiscal, más sencilla y efectiva, que amplíe la base gravable porque la actual miscelánea aprobada por el Congreso no incrementó la recaudación y sí afectó a los sectores productivos y al consumo.

La productividad laboral en México, de acuerdo con cifras del INEGI, creció a una tasa anual de +0.55% en los últimos ocho años. Asimismo, la productividad laboral en el sector manufacturero se redujo un -1.25% en promedio anual desde el 2012.

Un incremento superior al 2 o 3% en la productividad anual, aunado al dividendo demográfico y la consolidación de la clase media, se traduciría en un crecimiento sostenido de la economía y en oportunidades atractivas para negocios e inversionistas.

Otro reto importante es el imperio de la ley. Implica reducir los niveles de violencia (24 homicidios por cada 100,000 habitantes frente a 5.6 en EU) y reforzar las instituciones de procuración de justicia.

México requiere continuar con su proceso de transformación hacia un país de leyes que permita seguir incrementando su competitividad -actualmente ocupa el lugar 55 a nivel global, de acuerdo con el Foro Económico Mundial-, para que puedan originarse las inversiones que impulsen la productividad en sectores como la infraestructura de transporte, telecomunicaciones, educación, vivienda, producción de energía, entre muchos otros.

Alberto Carrillo es analista senior de Signum Research.